
Nunca he sido un gran usuario de Skype, de hecho, siempre lo he considerado como una empresa que ha sabido aprovechar el marketing más que la innovación y que ha conseguido gran parte de su éxito gracias a la publicidad. En mi opinión, no ha inventado nada y su éxito se ha basado en saber «saltar» los firewalls permitiendo realizar llamadas cuando estamos en hoteles o países en los que la VoIP no está bien visto. No obstante, me he tomado la libertad de escribir los motivos por los que Skype, como operador IP, no interesa, ya que muchas personas lo utilizan y sus razones son (en mi opinión) bastante equivocadas.
Si hay algo bueno detrás de Skype es sin duda el apoyo necesario y práctico que ha conseguido la VoIP en todo el mundo. Ha sido capaz de enseñar a todo el planeta que con un ancho de banda de mínima calidad, cualquiera puede comunicarse, y la mejor forma de conseguirlo, es conseguir en esos momentos de «pruebas», evitarle al usuario cualquier problema relacionado con puertos, direcciones IP, protocolos, códecs, y un gran número de conceptos que un usuario normal y corriente, ni le suena, ni quiere complicarse la vida con él. No obstante, Skype cumplió su función para iniciarse en la VoIP, poder hacer una llamada o una videoconferencia con alguna otra persona que también lo utilice pero poco más, cuando llega el momento de hacer una llamada a un número geográfico o móvil, deja de ser económicamente interesante y pasa a ser una opción no tan atractiva.




Llevamos algún tiempo siguiendo el transcurso de un proyecto que ha ido madurando con el paso del tiempo: 
