La videoconferencia a través de Internet lleva con nosotros desde hace casi 20 años y muchas empresas han ofrecido este servicio a través de aplicaciones como NetMeeting, Ekiga, Skype y un larguísimo etcétera, pero quizá lo que más falta hacía era la publicidad necesaria para darse a conocer y que la gente pierda el «miedo» a enfrentarse a una cámara a la hora de hablar por teléfono.
Skype ha sido una de las que más han hecho por promocionar este tipo de servicios (no en vano es uno de los proveedores de VoIP más grandes gracias la publicidad y al apoyo de sus incondicionales usuarios), pero uno de los principales factores que ha hecho que la videoconferencia empiece a despegar, ha sido gracias a la escasez de inconvenientes a la hora de hacer una.
No hay nada que perjudique la adopción de una tecnología que la imposibilidad por algún problema técnico de llevarla a cabo. Problemas como los producidos por una mala configuración de un router, un firewall obtusamente cerrado o incluso una incompatibilidad con el protocolo pueden ocasionar que alguien que se esté planteando adoptar una solución, abandone el intento tras ver que detrás hay demasiados engranajes que pueden soltarse y que pueden hacer perder el tiempo a todos si es demasiado complejo.
Cada vez hay más personas que utilizan Skype para hacer videoconferencia, no porque sea mejor, si no simplemente, porque es rápido y fácil, prácticamente el mismo motivo por el que Windows se utiliza en la mayoría de los ordenadores personales y es que, se ve que para que algo como la videoconferencia, que ya produce un cierto rechazo debido a la supuesta «invasión a la intimidad», si además da problemas (hay que abrir puertos en el router, el firewall corta el audio, insuficiente ancho de banda, etc…) está claro que no despegará jamás.